22.12.06

Genial Arístegui

Gustavo de Arístegui - de los pocos políticos capaces del país- publica en El Mundo un excepcional análisis sobre la organización terrorista Hamas. Sin desperdicio.


Hamas y la tragedia palestina

GUSTAVO DE ARISTEGUI

La guerra civil latente que se libra hasta en los hospitales de Palestina no acaba de ser entendida por los occidentales en general y los europeos en particular. Muchos analistas del Viejo Continente creen de verdad que Al Fatah es el pasado y que Hamas es el futuro, desconociendo la ideología y los objetivos de la organización que hoy gobierna en los territorios palestinos. Hamas nació como la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, que, a su vez, fue fundada por Hasan Al-Bana en 1928 en Egipto, como reacción, fundamentalmente, a la supresión del Califato el 3 de marzo de 1924 por Mustafa Kemal Attaturk.

Los Hermanos Musulmanes son el punto de partida y verdadero núcleo duro de la ideología islamista del siglo XX, con una fuerte influencia en todas las ramas del islamismo radical posterior. Creen en cinco pilares básicos -además de los que son sagrados para todos los musulmanes del mundo, lo que no deja de ser una forma de herejía, pues tratan de enmendar la plana al Profeta Mahoma-. Para ellos, Dios es la meta, el Profeta su modelo, el Corán su ley, la yihad su vida, y el martirio su aspiración. Compárense con los cinco pilares de Hamas: sólo cambian que el Corán es su Constitución, y que la yihad y la muerte por Dios son sus más vehementes deseos. Es decir, ambas organizaciones son prácticamente idénticas.

Por otra parte, conviene no olvidar que no reconocen al Estado de Israel ni la legitimidad de anteriores Gobiernos palestinos, y que no han renunciado al terrorismo. Entre los principios fundacionales de Hamas figura una frase muy reveladora: «Israel ascenderá y permanecerá hasta que el islam [obviamente, hay que entender el islamismo radical] lo elimine, como ya hizo con todos sus predecesores». Para aquéllos a los que se les llena la boca con la crítica a la falta de cumplimiento israelí de las resoluciones de la ONU, parece claro que Hamas no reconoce, entre otras muchas, las resoluciones 181, 242 y 338, pues no acepta la solución de constitución de dos estados, único camino para lograr una paz justa global y duradera en Oriente Próximo -a pesar de que en el seno de la organización hay una corriente de pensamiento, aún muy minoritaria y amedrentada por los sectores más radicales, que aboga por aceptar las resoluciones de Naciones Unidas-. Por otra parte, conviene recordar que Hamas está dominada por una mayoría radical dentro de los territorios palestinos, pero tiene un ala muchísimo más radical todavía en Damasco, encabezada por Jaled Meshaal.

Tanto Hamas como su organización madre, tienen verdadera vocación de poder global y, en ese sentido, entran en conflicto y competencia con Al Qaeda y sus filiales en todo el mundo, pero muy especialmente en Europa y en Palestina, donde hacen verdaderos esfuerzos por reclutar y adoctrinar al mayor número posible de radicales. En este contexto se inscriben las ácidas críticas que Al Qaeda ha dirigido a Hamas, a la que acusa de haberse corrompido por presentarse a unas elecciones a la occidental.

Pues bien, estas organizaciones -que son el alma del islamismo radical-, son consideradas, por una parte de la progresía europea despistada, movimientos reformistas y potencialmente beneficiosos para la democracia en el mundo islámico. Cosa bien distinta es, sin embargo, que partiendo de los sectores más moderados de los Hermanos Musulmanes hayan surgido partidos de corte islámico conservador no violento y hasta moderados, o que se encuentran en la vía hacia una creciente moderación. Es interesante comprobar lo que algunos dirigentes de Hamas piensan del «concepto occidental de moderación». Sirven como ejemplo las declaraciones del actual ministro palestino de Asuntos Exteriores, Mahmoud Al Zahar a Newsweek en septiembre de 2005: «No me fío de la palabra 'moderado'. Nosotros ya somos moderados. Pero si alguien cree que vamos a serlo en el sentido occidental o proisraelí, eso no es ser moderado, eso es corrupción». Muy ilustrativo.

Otro importante detalle es que en buena parte de los pueblos y ciudades en los que Hamas ha ganado las elecciones y ha gobernado, perdió o bajó sustancialmente en las elecciones legislativas. Parece claro que su victoria no se debía al apoyo mayoritario de los palestinos a sus postulados o a su programa de gobierno, sino al hartazgo por la corrupción, la ineficacia de los sucesivos gobiernos, la falta de renovación política en las filas de los palestinos moderados o la ausencia de avances en el proceso de paz que les regaló el eslogan electoral a los candidatos de Hamas: 10 años de negociaciones=0,5 años de Intifada=retirada israelí de Gaza. Que alguien tome nota por favor.

Ismail Haniya, primer ministro palestino desde marzo de este año, no parece querer acudir a las urnas, pues, sin duda, sabe, o por lo menos intuye, que se puede producir un sustancial avance de sus rivales políticos y puede perder el Gobierno. Los movimientos islamistas rara vez creen en la democracia, sólo la aceptan si ganan. En este sentido, es muy significativa otra de las frases electorales de la organización: Si no votas por Hamas, al final, Dios te castigará. Es muy complicado creerse los únicos verdaderos musulmanes y aceptar la derrota electoral. La violencia física se acompaña por brutales campañas de desprestigio y propaganda negativa contra los políticos más prometedores del campo moderado palestino, como Mohamed Dahlan, a quien acusan de ser agente occidental o espía de Estados Unidos. Estas acusaciones tienen un potencial efecto devastador, si bien es cierto que mucho menor que hace unos años.

En mi reciente visita al Líbano, tuve la ocasión de entrevistarme con buena parte de los más importantes dirigentes del país, incluido el primer ministro Fuad Siniora, un excelente gestor, político prudente y hombre de Estado donde los haya. Hizo una descripción verdaderamente lúcida de la situación regional y al referirse a Irán (Estado no árabe y de mayoría musulmana chií, rama minoritaria del islam), que tanta influencia tiene en su país por medio de Hizbulá, dijo que habían logrado «secuestrar» las causas de los árabes sin ser árabes.

Es muy cierto, Irán ha logrado, por medio de sus vicarios en la región, ser una potencia mediterránea, tener fronteras con Israel y procurar, por todos los medios, influir cada vez más en el mundo árabe, al que no pertenece, y que es, además, mayoritariamente sunní. Hamas forma parte esencial de esa estrategia, y hoy se sabe que un porcentaje del presupuesto de Hizbulá -en ningún caso es menor del 10%-, se destina a dar apoyo económico a Hamas. El reciente Congreso negacionista del Holocausto celebrado en Teherán bajo los auspicios del régimen de los ayatolás, demuestra una muy preocupante tendencia de los objetivos geopolíticos de Irán, pues, negar el Holocausto equivale a negar la razón esencial de la existencia del Estado de Israel.

Esta postura ha tenido un fuerte eco en una parte de la opinión pública árabe, lo que no ha hecho sino aumentar la preocupación de los más importantes actores del mundo árabe, que reconocieron expresamente la existencia de Israel dentro de las fronteras de 1967, en la Cumbre de la Liga Arabe de Beirut en marzo de 2002.

Todos estos elementos se están cociendo en un caldo potencialmente letal para la paz y la estabilidad de la región. Las elecciones anticipadas en Palestina podrían servir para aclarar el panorama, para que se sepa cuál es el verdadero peso político de Hamas, artificialmente hinchado por las circunstancias que precedieron las anteriores elecciones legislativas, y, quizá, sólo quizá, podrían suponer un serio toque de atención a los moderados que desde dentro de Hamas se muestran dispuestos a aceptar las reglas de juego democráticas, renunciar al terrorismo y reconocer a su vecino.

Pero el peso del odio que se alberga en los corazones parece un veneno sin antídoto. Las tensiones regionales, las incertidumbres mundiales, el crecimiento del fanatismo, la incomprensión de unos y de otros de las intrincadas claves del Oriente Próximo no auguran nada bueno. Lamentablemente, la presión y unidad que la comunidad internacional pareció demostrar tras las últimas elecciones legislativas palestinas, se quebró por el oportunismo irresponsable de alguna de las potencias más importantes, que se apresuró a aceptar a Hamas como interlocutor en contra del criterio del Cuarteto -UE, EEUU, Rusia y ONU-.

En aquel momento, Hamas se dio cuenta de la falta de espina dorsal y de solidez de convicciones de las principales democracias del mundo y supo que podía jugar con comodidad su juego de dividir, aguantar y eventualmente vencer. En aquellas no tan lejanas fechas se empezó a cocer la tragedia palestina de hoy. Lo peor es que nunca lo reconocerían, aun en el improbable caso de que se diesen cuenta de su inmenso error estratégico.

Gustavo de Arístegui es diplomático, diputado y portavoz de Exteriores del PP en el Congreso.

1 comentario:

QRM dijo...

Muy Bueno.

No hay nada como saber de lo que se habla.Hay mucho indocumentado opinando.