27.5.07
Revista Horizonte
Se publica en la Revista Horizonte, mi segunda colaboración. Esta vez, escribo sobre el juicio del 11-M. Está en pdf. Espero que os guste, sobre todo porque aporto mi opinión sobre la autoría.
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Eli Cohen
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islamismo,
política nacional,
Terrorismo
22.5.07
42 años, de su muerte. Prosigue la lucha...
El fin de semana lo tuve imposible. Sin descanso. Quise dedicar unas palabras a este héroe cuya alma se apagó en el centro de Damasco, ahorcado bajo la mirada de los televisores de todo el mundo, en 1965. Ahora lo hago, aunque mis palabras no sean nada ante su grandiosidad.
Eli Cohen. Me llamo como él. No lo merezco.
Ni por asomo.
Daniel, del ya mítico -ser mítico en vida es un privilegio que pocos alcanzan- blog Herut, posteó un pequeño homenaje. Yo, he encontrado en You Tube, un video bastante original sobre sus inicios.
Aun recuerdo, hace unos cinco años, inmerso en una de esas madrugadas veraniegas de cine, aire acondicionado, lecturas y nostalgias, leí, maravillado, el legado de este judío nacido en Egipto que decidió dar su propia vida por salvaguardar la de su nuevo hogar, Israel. El legado, de uno de los espías más grandes de la era contemporanea. El legado,en definitiva, de alguien que tiene el privilegio de situarse en la cima del heroismo judío junto a Mordejai Anielewicz o Simon Wiesenthal.
Nació en Alejandría, hijo de padres sirios. Tuvo que huir de Egipto tras la crisis del Canal de Suez en 1956. Sus padres fueron a Israel en 1949, pero el se quedó en Egipto para continuar con su trabajo activista en pos del judaísmo y del sionismo. Valores fuertemente inculcados por sus progenitores.
Es llamativo que fuera rechazada su solicitud de ingreso en el Mossad. Fue el legendario director de la organización, Meir Amit, quien decidió readmitirle, entrenarle y encomendarle la más dificil de las misiones para un espía: infiltrarse en las líneas del más acérrimo enemigo y conseguir información militar ultrasecreta.
Eli Cohen, que se convirtió en el exportador sirio Kamel Amin Taabes, viajó primero a Buenos Aires para su coartda. Posteriormente, se estabelció en Siria, en donde empezó a ascender en la oligarquía que dominaba el país. Envió fotografías a sus mandos en Israel de los búnkeres en donde Siria guardaba la artillería de largo alcance de origen ruso, hizo amistad con el sobrino del entonces dictador sirio Hafed al Assad, y consiguió los planes del ejército sirio para conquistar el norte de Israel. La información no tenía precio.
Incluso, el mismo Assad, quiso nombrarle Viceministro de Defensa.
Una noche de enero de 1965, con un una unidad móvil de intercepción rusa, de las más sofisticadas de entocnes, los sirios capturaron al espía israelí mientras transmitía por radio desde su habitación. Le obligaron a enviar mensajes falsos a Israel, pero lo que hizo fue advertir de su captura. Tres dias después Siria declaró que le había apresado. Pese a los esfuerzos de Meir Amit, de las presiones diplomáticas -hasta el Papa pidió que no se le asesinase- un 18 de mayo de 1965, después de recibir y soportar solo Dios sabe que tipo de torturas e interrogatorios indescriptibles sin soltar palabra alguna sobre su misión o secretos israelíes, después de ser procesado por espionaje y condenado a muerte, fue llevado al centro de Damasco para ser ahorcado públicamente. Lo retransmitieron las televisiones del mundo entero. Su mujer, Nadia, intentó suicidarse al verlo. Le salvaron la vida en el hospital.
Su cuerpo quedó colgado en el cadalso durante un día. Se le puso una pancarta al cadaver con soflamas antijudías y antisionistas. Desde entonces sus restos siguen en Siria, sin que los esfuerzos de Israel hayan surtido efecto alguno. Incluso, un alto funcionario sirio ha afirmado que es imposible localizar el cuerpo puesto que se construyenron urbanizaciones encima de su fosa.
Ninguna nación, ningún pueblo, ni siquiera ningún ejército es consciente del trauma moral y existencial que supone para Israel, y en especial para el Tzahal, cuya primera regla es que nunca, NUNCA, se deja a un compañero atrás, vivo o muerto, que sus restos mortales estén en el exilio y sin recibir un sepelio adecuado. La repatriación de los restos de Eli Cohen será una lucha que jamás dejará de lado Israel ni el pueblo judío. Como otras más urgentes que libra en la actualidad.
Su legado, su obra, amén de ser la ayuda estatégica vital que Israel necesitó para propinar a los países árabes vecinos que ansiaban su destrucción, una victoria aplastante -landslide- en la Guerra de los Seis Días, supuso la exteriorización de los valores judíos más supremos, como el sacrificio por los demás poniendo en juego su propia vida, dejando un estandarte heroico, épico y por supuesto dramático para la posteridad del pueblo judío.
Descanse en paz, donde quiera que esté, y que, con ayuda de los cielos, reciba pronto la sepultura que se merece en su Tierra, en su país, por el que luchó y por el que murió.
Zijronó lebrajá.
Eli Cohen. Me llamo como él. No lo merezco.
Ni por asomo.
Daniel, del ya mítico -ser mítico en vida es un privilegio que pocos alcanzan- blog Herut, posteó un pequeño homenaje. Yo, he encontrado en You Tube, un video bastante original sobre sus inicios.
Aun recuerdo, hace unos cinco años, inmerso en una de esas madrugadas veraniegas de cine, aire acondicionado, lecturas y nostalgias, leí, maravillado, el legado de este judío nacido en Egipto que decidió dar su propia vida por salvaguardar la de su nuevo hogar, Israel. El legado, de uno de los espías más grandes de la era contemporanea. El legado,en definitiva, de alguien que tiene el privilegio de situarse en la cima del heroismo judío junto a Mordejai Anielewicz o Simon Wiesenthal.
Nació en Alejandría, hijo de padres sirios. Tuvo que huir de Egipto tras la crisis del Canal de Suez en 1956. Sus padres fueron a Israel en 1949, pero el se quedó en Egipto para continuar con su trabajo activista en pos del judaísmo y del sionismo. Valores fuertemente inculcados por sus progenitores.
Es llamativo que fuera rechazada su solicitud de ingreso en el Mossad. Fue el legendario director de la organización, Meir Amit, quien decidió readmitirle, entrenarle y encomendarle la más dificil de las misiones para un espía: infiltrarse en las líneas del más acérrimo enemigo y conseguir información militar ultrasecreta.
Eli Cohen, que se convirtió en el exportador sirio Kamel Amin Taabes, viajó primero a Buenos Aires para su coartda. Posteriormente, se estabelció en Siria, en donde empezó a ascender en la oligarquía que dominaba el país. Envió fotografías a sus mandos en Israel de los búnkeres en donde Siria guardaba la artillería de largo alcance de origen ruso, hizo amistad con el sobrino del entonces dictador sirio Hafed al Assad, y consiguió los planes del ejército sirio para conquistar el norte de Israel. La información no tenía precio.
Incluso, el mismo Assad, quiso nombrarle Viceministro de Defensa.
Una noche de enero de 1965, con un una unidad móvil de intercepción rusa, de las más sofisticadas de entocnes, los sirios capturaron al espía israelí mientras transmitía por radio desde su habitación. Le obligaron a enviar mensajes falsos a Israel, pero lo que hizo fue advertir de su captura. Tres dias después Siria declaró que le había apresado. Pese a los esfuerzos de Meir Amit, de las presiones diplomáticas -hasta el Papa pidió que no se le asesinase- un 18 de mayo de 1965, después de recibir y soportar solo Dios sabe que tipo de torturas e interrogatorios indescriptibles sin soltar palabra alguna sobre su misión o secretos israelíes, después de ser procesado por espionaje y condenado a muerte, fue llevado al centro de Damasco para ser ahorcado públicamente. Lo retransmitieron las televisiones del mundo entero. Su mujer, Nadia, intentó suicidarse al verlo. Le salvaron la vida en el hospital.
Su cuerpo quedó colgado en el cadalso durante un día. Se le puso una pancarta al cadaver con soflamas antijudías y antisionistas. Desde entonces sus restos siguen en Siria, sin que los esfuerzos de Israel hayan surtido efecto alguno. Incluso, un alto funcionario sirio ha afirmado que es imposible localizar el cuerpo puesto que se construyenron urbanizaciones encima de su fosa.
Ninguna nación, ningún pueblo, ni siquiera ningún ejército es consciente del trauma moral y existencial que supone para Israel, y en especial para el Tzahal, cuya primera regla es que nunca, NUNCA, se deja a un compañero atrás, vivo o muerto, que sus restos mortales estén en el exilio y sin recibir un sepelio adecuado. La repatriación de los restos de Eli Cohen será una lucha que jamás dejará de lado Israel ni el pueblo judío. Como otras más urgentes que libra en la actualidad.
Su legado, su obra, amén de ser la ayuda estatégica vital que Israel necesitó para propinar a los países árabes vecinos que ansiaban su destrucción, una victoria aplastante -landslide- en la Guerra de los Seis Días, supuso la exteriorización de los valores judíos más supremos, como el sacrificio por los demás poniendo en juego su propia vida, dejando un estandarte heroico, épico y por supuesto dramático para la posteridad del pueblo judío.
Descanse en paz, donde quiera que esté, y que, con ayuda de los cielos, reciba pronto la sepultura que se merece en su Tierra, en su país, por el que luchó y por el que murió.
Zijronó lebrajá.
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19.5.07
Efectos de los misiles sobre Sderot
En este enlace de You Tube, y en este video del Ministro de Asuntos Exteriores de Israel, podemos observar los daños que deja la caída diaria de misiles Qassam sobre Sderot y Ashkelon.
Tiene que ser un juego divertido, este del tiro al judío...
Tiene que ser un juego divertido, este del tiro al judío...
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14.5.07
Encuesta sobre antisemitismo
La ADL (Liga Anti-Difamación) publica una encuesta titulada Actitudes frente a los judíos y hacia Oriente Medio en cinco países europeos. Los países en cuestión son Francia, Alemania, Italia, Polonia y España. Desgraciadamente, vemos en España cifras muy preocupantes.
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13.5.07
Entrevista en Radio Sefarad
En Radio Sefarad la entrevista que me hicieron sobre mi activismo sionista en la Universidad. Estaba un poco nervioso, espero que no se note. Y sobre todo, que os guste.
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8.5.07
El sirio que admira a Israel
El presidente del Partido Reformista Sirio, Farid Ghadry, dice admirar a Israel.
Vía Desde Sefarad e Israellycool
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1.5.07
El hombre del sombrero de copa
Pilar Rahola escribe para la retomada Es-Israel, un artículo en el que situa a la figura de Theodor Herzl en sus cotas más altas. Es de obligada lectura, y más cuando dentro de las fronteras del pueblo judío existen fanáticos que intentan defenestrar su figura a diario.
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10:24 p. m.
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24.4.07
Katyusha
Unas imágenes que no vimos este verano en ningún canal español.
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Terrorismo
21.4.07
Manifiesto proIsrael de un sector de la izquierda española
Llega tarde. Pero llega. Un sector importante de la izquierda española, comprometido con los valores democráticos, y sobre todo, el sentido común en contraposición al fanatismo y al terror, lanza este necesario manifiesto -están buscando una sala en el Congreso para su puesta de largo- el cual va a marcar una reorientación, esperamos, en la Izquierda española con respecto a Israel y al Antisemitismo.
Por lo pronto, será presentado el miércoles 25 de abril a las 19:30 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Vía Infomedio y Herut
Por lo pronto, será presentado el miércoles 25 de abril a las 19:30 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Vía Infomedio y Herut
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política nacional
19.4.07
Liviu Librescu, el retrato de un héroe
La persona que me comunicó la noticia de esta heroicidad, comenzó diciendome: Las casualidades no existen.
Lo cierto es que, el hecho de que un académico, internacionalmente reconocido, prolífico, que sobrevivió a los campos de la muerte nazis, y posteriormente huyó de la sangrienta dictadura de Ceaucescu en Rumanía, sacrificara su vida por dar a sus alumnos practicamente un margen de varios segundos para salvar sus vidas, induce a creer en el destino.
Este héroe que deja el pueblo judío, nos planteó a todos los que nos conmocionamos con la masacre, hasta qué punto somos valedores de nuestas propias vidas. Hasta que punto somos merecedores de nuestra condición.
Que en este jodido mundo, aun exista sitio para héroes como este que sacrificó su vida para salvar a otros, zijronó lebrajá, deja, también, un soplo de esperanza imprescindible.
Lo cierto es que, el hecho de que un académico, internacionalmente reconocido, prolífico, que sobrevivió a los campos de la muerte nazis, y posteriormente huyó de la sangrienta dictadura de Ceaucescu en Rumanía, sacrificara su vida por dar a sus alumnos practicamente un margen de varios segundos para salvar sus vidas, induce a creer en el destino.
Este héroe que deja el pueblo judío, nos planteó a todos los que nos conmocionamos con la masacre, hasta qué punto somos valedores de nuestas propias vidas. Hasta que punto somos merecedores de nuestra condición.
Y lo cierto es que, Liviu Librescu con su sacrificio, se ha convertido en un símbolo de todo lo bueno que ha traído la raza humana al mundo. Un símbolo de la lucha del bien contra la tiranía, del sacrificio por el prójimo, de la superación contra la adversidad. Del coraje frente a la cobardía.
Que en este jodido mundo, aun exista sitio para héroes como este que sacrificó su vida para salvar a otros, zijronó lebrajá, deja, también, un soplo de esperanza imprescindible.
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5:16 a. m.
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Shoá
17.4.07
Reflexiones de Yom HaShoa
Seré sincero. Lo intento siempre. Escribir es, en suma, una confesión personal. También, el medio por el cual el escritor –el confesor- se siente más libre.
Me confesaré. Pues.
El tiempo me empuja, contra mi voluntad. Sin yo quererlo, me arrastra por esta tragicomedia que llamamos vida dejándome rapiñar momentos –trágicos o llenos de dicha- inolvidables. Fugaces.
Pero cada 27 de Nisan –este año ha tocado el 16 de Abril- el tiempo me da un respiro en su infatigable carrera. Cada 27 de Nisan, Día de Recuerdo del Holocausto para el pueblo judío, el tiempo se para. Frena. Y me lleva a esos tenebrosos lugares en donde la humanidad se desvaneció. En donde se produjo la voladura de los límites del hombre. En donde desgarradores gritos de dolor y tantos litros de sangre y lágrimas yacieron sin miramientos, en silencio, del resto de los mortales. En donde aconteció el absoluto: el mal absoluto, y único. En donde un mar de tinieblas y niebla gris lo inundó todo. Lugares en que, después de todo lo que sabemos sobre lo que en cada uno de ellos sucedió, ni tan siquiera podemos imaginarnos la décima parte del grado de infamia de las atrocidades que perpetraron. Desde los primeros intentos de cámaras de gas, utilizando la parte de atrás del camión llena de judíos como habitáculo para asfixiarlos mediante el gas del tubo de escape, hasta los experimentos de Mengele, el Ángel de la Muerte, el cual arrojaba a bebes vivos a los crematorios para comprobar lo que sucedía o inyectaba gasolina en los corazones de sus cobayas para investigar las consecuentes reacciones físicas, pasando por la utilización del pelo para almohadas, de la ceniza humana para asfalto, horcas, fosas comunes, asfixia, torturas en las que la muerte para el torturado llegaba como una bendición…culminando en el cenit del asesinato industrial con las cámaras de gas de Auschwitz que, en su máximo apogeo, segaban la vida a miles de personas al día. Indescriptible. No se nos hizo para entender tanta barbarie.
Todo ello, todo, maquillado con una jerga burocrática impecable, y con una administración tecnócrata volcada en la tarea suprema: Eliminar el virus judío de la faz de la tierra. Pese a que la Alemania nazi necesitaba dinero y personal a raudales para luchar contra el resto del mundo en una guerra que ellos ansiaron y sacralizaron, no escatimaron ni un céntimo en sacar a millones de ciudadanos civiles –sin olvidar la represión legislativa y social a la que fueron sometidos en la antesala del exterminio-, ajenos a todo conflicto armado, sin distinción de sexo, edad o ideología, -sólo se les requería un abuelo judío según las leyes de Nuremberg de 1935- de las sociedades a las cuales conquistaron, confinarlos en guetos, dándoles constantes hálitos de esperanza –os regalamos barrios y ciudades que dejamos a vuestra administración, decían-posteriormente deportarlos a campos de concentración en donde se les extirpaba hasta el último aliento de vida y se les borraba la persona que algún día fueron, se les utilizaba de esclavos en fábricas armamentísticas creadas para tal ocasión, y , si el prisionero había conseguido aguantar todo el insufrible proceso, cuando ya no le quedaban fuerzas para cargar una sola piedra, se le enviaba a la cámara de gas. A la fumigación de los insectos. De los no humanos, como no se cansa de repetir Hitler en su neurótico Mein Kampf : el judío, ni siquiera animal.
Seis millones. Seis. Millones. Jamás el mundo había conocido algo así. Los soldados soviéticos –que ya conocían, ni más ni menos, el Gulag estaliniano- que liberaron Auschwitz no estaban preparados para lo que vieron. Capas de manteca humana de medio metro en los hornos crematorios, cadáveres apilados cual leña para chimenea, cámaras de gas a pleno rendimiento, salas de tortura, experimentos científicos con resultados inenarrables, sacos de hueso y carne, reclusos, sin alma, sin vida. Zombies…Lo fotografiaron todo. Estaban convencidos de que nadie les creería.
Por estas, digamos, reflexivas fechas –están cerca el Día de la Independencia de Israel y el Día del Recuerdo a los caídos en las Guerras- siempre examino, analizo o indago sobre algún tema en concreto referido a la Shoá: Sobre los orígenes de la tragedia, sus causas, sobre el negacionsimo, su banalización por los antisionistas –antisemitas- al referirse al pueblo palestino, la ignorancia de muchos sectores judíos al respecto, la gloriosa resistencia en Guetos como el de Varsovia capitaneada por el héroe Mordejai Anielewicz, los intentos de nuevo Holocausto por parte de Irán o Hamas, el acoso a Israel, la gran importancia de la lucha contra el olvido…
Este año, me acordé mucho durante el día de los soldados cautivos de Israel. De Guilad Shalit, Ehud Goldwasser y Eldad Reguev. De los desaparecidos como Ron Arad, Zachary Baumel, Yehuda Katz, Zvi Feldman y Guy Hever. Ellos, son los miembros del ejército gracias al cual no se ha producido otro Holocausto, otro genocidio. Ellos, que no solo luchan para defender a Israel, sino a todos los judíos del mundo. Desde una guardería en Haifa, una sinagoga en Bruselas, hasta el servidor que está sentado apacible en su ordenador escribiendo estas líneas, cada soldado israelí no solo lucha por la defensa y existencia de un país el cual vive amenazado desde el mismo día de su creación, y la primera guerra que pierda será la última, no sólo. Lucha también por la vida y dignidad de cada judío que habita por este mundo, sea ultraortodoxo, ateo, comunista, capitalista, ingeniero o pintor. Se declare antisionista o negador del Holocausto. Y ninguno de los que no conocemos el olor de la pólvora o el pánico de vigilar un puesto a plena noche, nunca alcanzaremos a comprender todo lo que les debemos. Ya que, se lo debemos todo. Todo.
Si no fuera por el coraje y la valentía de los jóvenes soldados que aseguran la existencia del Estado de Israel, ningún judío en la Diáspora podría lucir la cabeza alta, ni tener un refugio en el cual guarecerse en caso de que los bárbaros –como bien le decía el tío Eliseo a Guido- vuelvan a tener poder de acción. Ganas de sangre siempre tienen.
Pensando en las millones de almas que se esfumaron tan solo hace 62 años, y en el sufrimiento de los héroes que están prisioneros, fuera de sus hogares, mi corazón se reprime. En un puño. Me pregunto, ¿merezco el sacrifico de mis semejantes? Tan cómodo desde mi cueva, ¿soy merecedor de la sangre que se ha vertido para que tenga la facilidad de escribir estas líneas?
No es nada freudiano. Es algo inherente. Está dentro de mí. Jamás podré calibrar el sufrimiento, la injusticia y las persecuciones que me han traído hasta aquí. Desconozco como puedo ser digno de la herencia a la cual, pese a todo lo que acarrea, no renunciaré jamás. Espero que, algún día, desde donde estén, mis ancestros puedan observar con orgullo lo que hecho con la vida que me han otorgado siendo un miembro digno del pueblo que, pese al milagro de sobrevivir al exterminio, a decidido gritar al mundo al unísono que no pereceremos sin presentar batalla.
Zijronó Lebrajá para los Seis Millones de Víctimas del Holocausto, y para todos los judíos que siguen muriendo por el hecho de serlo. JAI ISRAEL.
Me confesaré. Pues.
El tiempo me empuja, contra mi voluntad. Sin yo quererlo, me arrastra por esta tragicomedia que llamamos vida dejándome rapiñar momentos –trágicos o llenos de dicha- inolvidables. Fugaces.
Pero cada 27 de Nisan –este año ha tocado el 16 de Abril- el tiempo me da un respiro en su infatigable carrera. Cada 27 de Nisan, Día de Recuerdo del Holocausto para el pueblo judío, el tiempo se para. Frena. Y me lleva a esos tenebrosos lugares en donde la humanidad se desvaneció. En donde se produjo la voladura de los límites del hombre. En donde desgarradores gritos de dolor y tantos litros de sangre y lágrimas yacieron sin miramientos, en silencio, del resto de los mortales. En donde aconteció el absoluto: el mal absoluto, y único. En donde un mar de tinieblas y niebla gris lo inundó todo. Lugares en que, después de todo lo que sabemos sobre lo que en cada uno de ellos sucedió, ni tan siquiera podemos imaginarnos la décima parte del grado de infamia de las atrocidades que perpetraron. Desde los primeros intentos de cámaras de gas, utilizando la parte de atrás del camión llena de judíos como habitáculo para asfixiarlos mediante el gas del tubo de escape, hasta los experimentos de Mengele, el Ángel de la Muerte, el cual arrojaba a bebes vivos a los crematorios para comprobar lo que sucedía o inyectaba gasolina en los corazones de sus cobayas para investigar las consecuentes reacciones físicas, pasando por la utilización del pelo para almohadas, de la ceniza humana para asfalto, horcas, fosas comunes, asfixia, torturas en las que la muerte para el torturado llegaba como una bendición…culminando en el cenit del asesinato industrial con las cámaras de gas de Auschwitz que, en su máximo apogeo, segaban la vida a miles de personas al día. Indescriptible. No se nos hizo para entender tanta barbarie.
Todo ello, todo, maquillado con una jerga burocrática impecable, y con una administración tecnócrata volcada en la tarea suprema: Eliminar el virus judío de la faz de la tierra. Pese a que la Alemania nazi necesitaba dinero y personal a raudales para luchar contra el resto del mundo en una guerra que ellos ansiaron y sacralizaron, no escatimaron ni un céntimo en sacar a millones de ciudadanos civiles –sin olvidar la represión legislativa y social a la que fueron sometidos en la antesala del exterminio-, ajenos a todo conflicto armado, sin distinción de sexo, edad o ideología, -sólo se les requería un abuelo judío según las leyes de Nuremberg de 1935- de las sociedades a las cuales conquistaron, confinarlos en guetos, dándoles constantes hálitos de esperanza –os regalamos barrios y ciudades que dejamos a vuestra administración, decían-posteriormente deportarlos a campos de concentración en donde se les extirpaba hasta el último aliento de vida y se les borraba la persona que algún día fueron, se les utilizaba de esclavos en fábricas armamentísticas creadas para tal ocasión, y , si el prisionero había conseguido aguantar todo el insufrible proceso, cuando ya no le quedaban fuerzas para cargar una sola piedra, se le enviaba a la cámara de gas. A la fumigación de los insectos. De los no humanos, como no se cansa de repetir Hitler en su neurótico Mein Kampf : el judío, ni siquiera animal.
Seis millones. Seis. Millones. Jamás el mundo había conocido algo así. Los soldados soviéticos –que ya conocían, ni más ni menos, el Gulag estaliniano- que liberaron Auschwitz no estaban preparados para lo que vieron. Capas de manteca humana de medio metro en los hornos crematorios, cadáveres apilados cual leña para chimenea, cámaras de gas a pleno rendimiento, salas de tortura, experimentos científicos con resultados inenarrables, sacos de hueso y carne, reclusos, sin alma, sin vida. Zombies…Lo fotografiaron todo. Estaban convencidos de que nadie les creería.
Por estas, digamos, reflexivas fechas –están cerca el Día de la Independencia de Israel y el Día del Recuerdo a los caídos en las Guerras- siempre examino, analizo o indago sobre algún tema en concreto referido a la Shoá: Sobre los orígenes de la tragedia, sus causas, sobre el negacionsimo, su banalización por los antisionistas –antisemitas- al referirse al pueblo palestino, la ignorancia de muchos sectores judíos al respecto, la gloriosa resistencia en Guetos como el de Varsovia capitaneada por el héroe Mordejai Anielewicz, los intentos de nuevo Holocausto por parte de Irán o Hamas, el acoso a Israel, la gran importancia de la lucha contra el olvido…
Este año, me acordé mucho durante el día de los soldados cautivos de Israel. De Guilad Shalit, Ehud Goldwasser y Eldad Reguev. De los desaparecidos como Ron Arad, Zachary Baumel, Yehuda Katz, Zvi Feldman y Guy Hever. Ellos, son los miembros del ejército gracias al cual no se ha producido otro Holocausto, otro genocidio. Ellos, que no solo luchan para defender a Israel, sino a todos los judíos del mundo. Desde una guardería en Haifa, una sinagoga en Bruselas, hasta el servidor que está sentado apacible en su ordenador escribiendo estas líneas, cada soldado israelí no solo lucha por la defensa y existencia de un país el cual vive amenazado desde el mismo día de su creación, y la primera guerra que pierda será la última, no sólo. Lucha también por la vida y dignidad de cada judío que habita por este mundo, sea ultraortodoxo, ateo, comunista, capitalista, ingeniero o pintor. Se declare antisionista o negador del Holocausto. Y ninguno de los que no conocemos el olor de la pólvora o el pánico de vigilar un puesto a plena noche, nunca alcanzaremos a comprender todo lo que les debemos. Ya que, se lo debemos todo. Todo.
Si no fuera por el coraje y la valentía de los jóvenes soldados que aseguran la existencia del Estado de Israel, ningún judío en la Diáspora podría lucir la cabeza alta, ni tener un refugio en el cual guarecerse en caso de que los bárbaros –como bien le decía el tío Eliseo a Guido- vuelvan a tener poder de acción. Ganas de sangre siempre tienen.
Pensando en las millones de almas que se esfumaron tan solo hace 62 años, y en el sufrimiento de los héroes que están prisioneros, fuera de sus hogares, mi corazón se reprime. En un puño. Me pregunto, ¿merezco el sacrifico de mis semejantes? Tan cómodo desde mi cueva, ¿soy merecedor de la sangre que se ha vertido para que tenga la facilidad de escribir estas líneas?
No es nada freudiano. Es algo inherente. Está dentro de mí. Jamás podré calibrar el sufrimiento, la injusticia y las persecuciones que me han traído hasta aquí. Desconozco como puedo ser digno de la herencia a la cual, pese a todo lo que acarrea, no renunciaré jamás. Espero que, algún día, desde donde estén, mis ancestros puedan observar con orgullo lo que hecho con la vida que me han otorgado siendo un miembro digno del pueblo que, pese al milagro de sobrevivir al exterminio, a decidido gritar al mundo al unísono que no pereceremos sin presentar batalla.
Zijronó Lebrajá para los Seis Millones de Víctimas del Holocausto, y para todos los judíos que siguen muriendo por el hecho de serlo. JAI ISRAEL.
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16.4.07
14.4.07
The Economist pide el voto para Sarkozy
Yo pienso lo mismo. Aunque lo del Ministerio de Identidad Nacional no me agrada en absoluto.
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