Cuando empecé a escribir en este blog, mi trinchera digital personal e intransferible, era otra persona. El adolescente de quince años lo voy a llevar siempre dentro y fuera, vale -lo mío no tiene nada que ver con el síndrome de Nuncajamás, ojo, más bien es algo relacionado con la nostalgia del protagonista de Palacios de Invierno, novelón breve e intenso de Gabriel Albiac - pero digamos que estaba más obsesionado y respondía de una forma más aprensiva a temas que me encendían, y encienden, las venas, como el Antisemitismo. Ahí está la hemeroteca del blog para comprobarlo. Con el mismo empeño con que el agente HGW XX/7 en La Vida de los Otros veía enemigos del socialismo, servidor veía Antisemitismo en demasiados sitios. Quizás porque empecé el blog en una época en que la lucha contra el Antisemitismo no estaba tan extendida en la red, o quizás debido a las ganas, a la fuerza del principiante o a la determinación del iluminado, creía estar en una cruzada. No importa, la edad y la experiencia aportan sensatez, una bajada de temperatura en el análisis, y una escritura más sosegada. Las etapas hay que ganarlas, no quemarlas y aprendí mucho en aquellos días, como aprendo hoy.
Pero lo que actualmente me llama la atención es el grado de obsesión de otros -otros que están en el bando contrario- por encontrar a los Sabios de Sión en los ámbitos y lugares más recónditos, incluyendo el logo para las Olimpiadas de Londres de 2012.
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1.3.11
9.11.10
Sergio Brivta, un ciudadano
Sergio Brivta, levantador de pesas. Esta podría ser la presentación de este deportista israelí. Al fin y al cabo, nuestro trabajo es lo que nos define. Pero, si analizamos bien la proeza y los varios empleos que ha ostentado Brivta durante unos escasos tres minutos sin cobrar por ello, deducimos que no sólo es un deportista de élite -una élite que debe ser entrecomillada, porque, pese a haber ganado las Series Mundiales de Levantamiento de Pesas, ni siquiera hay una referencia suya en esa biblioteca universal que es Google- sino que también ha sido un héroe, un diplomático muy eficiente, un orgulloso israelí y un fantástico promotor turístico.
Expliquémoslo, pues.
En el video que está un poco más abajo, a parte de ver una entrega de premios propia en lo estético de los países del bloque del Este durante la Guerra Fría -en fin, eso es un asunto interno de los polacos-, observamos, con un gesto simple pero asombroso, el claro y cristalino resumen de la situación geopolítica en Oriente Medio que lleva trayendo de los pelos al mundo entero desde hace más de medio siglo. Brivta, que se ha alzado con la medalla de oro, ofrece la mano en saludo al segundo en el podio, un ciudadano de Irán y, este último, la rechaza. Acto seguido suena el Hatikva y al israelí -que sube al podio ataviado con una bandera de Israel y una camiseta en la que se lee el nombre de su país- luce un orgullo emotivo sazonado con alguna que otra lágrima. Su mirada llega a conmover. Es normal, se ha jugado la vida por su país durante al menos tres años, y sigue alerta para defender su precioso regimen de libertades. El video acaba.
Y ya. No necesitamos más. Mientras que el iraní, por miedo a represalias o por odio, lleva la demencial política de su país hasta un gimnasio perdido de Polonia, el ciudadano israelí, olvida -ni siquiera creo que llegara a pensarlo- que el jefe del gobierno de Irán quiere borrarle del mapa, olvida que Irán financia a aquellos que antes volaban en pedazos en autobuses y cafeterías y ahora -gracias a la valla de seguridad- lanzan misiles desde Gaza, olvida que en Irán se han hecho conferencias de negación del Holocausto y se ha promovido la mofa a dicha barbarie con viñetas y sátiras televisivas. Olvida lo que le separa de ese hombre, ese igual que tiene a su lado.
Y lo hace porque la voluntad de Israel es vivir, no morir. Lo hace porque la voluntad de Israel es la paz, aunque le obliguen a hacer la guerra. Lo hace porque en Israel hay ciudadanos y no súbditos como en Irán. Lo hace, en suma, porque el ha ido a una competición deportiva no a un campo de batalla.
No hace falta que recurra a ninguna cita de Golda Meir para acabar, en el gesto de Brivta están implícitos todos los mensajes que la legendaria líder sionista quiso transmitir.
Expliquémoslo, pues.
En el video que está un poco más abajo, a parte de ver una entrega de premios propia en lo estético de los países del bloque del Este durante la Guerra Fría -en fin, eso es un asunto interno de los polacos-, observamos, con un gesto simple pero asombroso, el claro y cristalino resumen de la situación geopolítica en Oriente Medio que lleva trayendo de los pelos al mundo entero desde hace más de medio siglo. Brivta, que se ha alzado con la medalla de oro, ofrece la mano en saludo al segundo en el podio, un ciudadano de Irán y, este último, la rechaza. Acto seguido suena el Hatikva y al israelí -que sube al podio ataviado con una bandera de Israel y una camiseta en la que se lee el nombre de su país- luce un orgullo emotivo sazonado con alguna que otra lágrima. Su mirada llega a conmover. Es normal, se ha jugado la vida por su país durante al menos tres años, y sigue alerta para defender su precioso regimen de libertades. El video acaba.
Y ya. No necesitamos más. Mientras que el iraní, por miedo a represalias o por odio, lleva la demencial política de su país hasta un gimnasio perdido de Polonia, el ciudadano israelí, olvida -ni siquiera creo que llegara a pensarlo- que el jefe del gobierno de Irán quiere borrarle del mapa, olvida que Irán financia a aquellos que antes volaban en pedazos en autobuses y cafeterías y ahora -gracias a la valla de seguridad- lanzan misiles desde Gaza, olvida que en Irán se han hecho conferencias de negación del Holocausto y se ha promovido la mofa a dicha barbarie con viñetas y sátiras televisivas. Olvida lo que le separa de ese hombre, ese igual que tiene a su lado.
Y lo hace porque la voluntad de Israel es vivir, no morir. Lo hace porque la voluntad de Israel es la paz, aunque le obliguen a hacer la guerra. Lo hace porque en Israel hay ciudadanos y no súbditos como en Irán. Lo hace, en suma, porque el ha ido a una competición deportiva no a un campo de batalla.
No hace falta que recurra a ninguna cita de Golda Meir para acabar, en el gesto de Brivta están implícitos todos los mensajes que la legendaria líder sionista quiso transmitir.
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Eli Cohen
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3:23 a. m.
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7.12.09
Jaime Bayly
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20.5.09
Revista Horizonte
Enlazo mi última colaboración en Horizonte, publicada ya hace un tiempo, y que tiene que ver con la espantada de los delegados europeos en Ginebra con motivo del discruso de Ahmadineyad
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Eli Cohen
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10:33 p. m.
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18.11.07
Nueva reunión entre Neturei Karta y Ahmadinejad
¿Esta escoria pertenece al mismo pueblo que Simon Wiesenthal, Golda Meir o Albert Einstein? ¿Esta escoria son ciudadanos israelíes al igual que los miles de jóvenes que se juegan sus vidas a diario por defender su libertad y dignidad como judíos?
¿Esta escoria son mis hermanos?
Me dan arcadas.
Vía Es-Israel
¿Esta escoria son mis hermanos?
Me dan arcadas.
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2:56 a. m.
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Oriente Medio
11.4.07
5.4.07
El Odio a Israel
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2:26 a. m.
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Israel,
nazismo,
Terrorismo
8.3.07
New breed of censorship
Articulazo de Sever Plocker en Yediot Aharonot, en el que, a raíz del posible veto de Eurovisión a la canción israelí que denuncia las ansias nucleares de Ahamdineyad, se pregunta por qué la clase intelectualoide de izquierdas en Europa considera politicamente incorrecto la crítica a Irán.
De paso, y de forma acertadísima, apunta que la resistencia en Iraq -independientemente de lo incorrecto de la invasión- es única en el mundo, puesto que jamás un movimiento insurrecto se había cargado a su propia gente.
De paso, y de forma acertadísima, apunta que la resistencia en Iraq -independientemente de lo incorrecto de la invasión- es única en el mundo, puesto que jamás un movimiento insurrecto se había cargado a su propia gente.
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Eli Cohen
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5:19 p. m.
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