25.5.11

2067, réplica a Ariel Kanievsky

Mi réplica, tal como prometí, al post de Ariel Kanievsky que, imaginando un escenario hipotéico en 2067, especulaba sobre el futuro de Israel. Quizás me equivoque en todo, o quizás no, ¿quién sabe?


2067, Tel Aviv


Aquí seguimos. Pese a todo lo que hemos soportado estos últimos cien años. Mis nietos han pasado por las mismas etapas de vida que yo tuve que pasar: rutina diaria bajo medidas de seguridad excesivas para un país democrático al uso, opinión pública mundial desfavorable, servicio militar, y, al menos, una guerra. Intentamos mejorar la situación y alcanzar la convivencia desde que el Estado Judío nació, en 1948. En la Declaración de la Independencia puede leerse que Israel quiere la paz con sus vecinos. El acuerdo de paz que alcanzamos en 2013, auspiciado por el reelegido Barack Obama, sólo duró un lustro. Después vinieron dos acuerdos de paz más. Hasta hoy.

Los territorios palestinos ocupados –según la ONU, eran territorios en disputa, pero nadie los llamaba así-, Judea y Samaria, Cisjordania o el West Bank, la denominación que se prefiera, nos dividieron como nación y casi como pueblo. Sacar a los colonos de la mayor parte de los asentamientos fue más duro aún que sacarlos del Sinaí y de Gush Katif a la vez. Se estuviera o no a favor de permanecer allí, a los israelíes nos dolía en lo más profundo ver a nuestros soldados desalojando de sus hogares a nuestros compatriotas. Cómplices de los asesinos de la familia Fogel, llegaron a espetar a los soldados encargados de la tarea. Incluso se les maldijo y se les condenó al guehinam. Se consiguió que los santos lugares para el judaísmo pudieran ser visitados y que el ejército israelí pudiera escoltar a los israelíes que así lo hicieran. Los altercados por ello fueron puntuales, pero escasamente dramáticos.

18.5.11

#15M de 2020.

Éramos muchos. Todos reunidos y convocados de forma espontanea, sin líderes, sin estructuras organizativas, sin jerarquía. Nos movía la indignación que provoca percatarse de que no hay futuro, o al menos, no uno mejor que el disfrutaron nuestros padres. Intentamos no hacernos eco de ninguna etiqueta ideológica o partidista. Queríamos un cambio, y que los protagonistas fuéramos nosotros, no los oportunistas mediáticos que se fueron apuntando.

Teníamos varias referencias, pero Mayo del 68 era nuestro paradigma. Mala elección. Como declaró uno de sus líderes, Daniel Cohn-Bendit, relativamente poco tiempo antes de nuestra movilización, refiriéndose a tan nostálgicos días: ganamos socialmente, pero políticamente, perdimos. Nosotros estábamos abocados al mismo sino, al mismo resultado: sólo cambiarían cosas puntuales, la estructura básica contra la cual luchábamos seguiría intacta. No éramos un poder constituyente, éramos un poder cibernéticamente constituido. Un poder bello, melancólico, romántico…pero virtual, al fin y al cabo. El verdadero poder lo ostentaban –y lo ostentan- otros. Nosotros sólo nos ganamos el derecho a quejarnos en la calle y en las redes y resultar simpáticos, pero la toma de decisiones estaba muy lejos de nuestras manos.

En los prolegómenos de nuestra convocatoria, un periodista, que simpatizaba con nuestra causa, escribió que para las revoluciones, primero, hace falta pasarse por la biblioteca, y fundamentar las reivindicaciones. Aborrecíamos a los intelectuales y académicos, ellos eran cómplices de la permanencia y desgaste del sistema actual. Al fin y al cabo, solo queríamos un cambio rápido, y lo queríamos ya. No queríamos, y no habríamos sabido, discutir sobre teorías políticas o administrativas. Queríamos un trabajo estable y bien remunerado cuanto antes, queríamos menos políticos, queríamos que los banqueros fueran borrados del mapa, o al menos su estructura de negocio financiero –intereses abusivos en los préstamos y créditos, amén de la concesión de hipotecas- y dejar de levantarnos de la cama, día tras día, sabiendo que ocuparemos puestos de trabajo que detestaremos hasta que seamos casi bisabuelos. Queríamos vivir mejor y dejar de oír monsergas sobre recortes, mercados, crisis, deudas y todo ese tenebroso –y que, desgraciadamente, no entendíamos- vocabulario que marcó nuestra madurez inerte y sin oportunidades.

Aguantamos hasta las elecciones del domingo 22 de mayo. Transcurrieron con normalidad y algún político que simpatizó con nuestra causa prometió recoger nuestro testigo y continuar por otros medios la lucha que comenzamos en las redes sociales y luego en la calle. Ahí se quedo todo: en palabras, quizás bienintencionadas, pero vacuas, caducas, inválidas. Años después la situación económica mejoró y el eco que fuimos conservando sobre todo en internet fue perdiéndose en la apatía que trajo una nueva era de bonanza económica. Nuestros enemigos volvieron a ganar y nuestros amigos, como siempre, fueron interesados que sólo querían disfrutar de la posición de los primeros. Los que se arrogaron como nuestros líderes de nuestro movimiento acabaron siendo peores que los que nos llamaron perroflautas, ni-nis, y comunistas disfrazados. Acabaron siendo peores que los que nos compararon con la revolución bolchevique, o con todas las movilizaciones de masas que acababan en matanzas. No queríamos la muerte de nadie, queríamos la muerte del sistema. Pero no sabíamos ni cómo era el engranaje de ese sistema, ni cómo acabar con él.

Fue una semana sazonada de rabia e ilusión. Paradójicamente mezcladas. No teníamos ni idea de cómo conseguir lo que pedíamos y nos equivocamos en casi todo. Los cauces para ello nos resultaban extraños, y ahí es en donde debíamos centrarnos: en acercar esos cauces a la gente de a pie como nosotros. Nos equivocamos. Nos dejamos llevar. Perdimos.

Tuvo razón ese periodista: las revoluciones tienen que alimentarse en las bibliotecas. El chispazo pueden darlo 140 caracteres, pero su éxito y aceptación precisa de lecturas, debates, reflexiones y coherencia. De lo que carecíamos.

16.5.11

Cómo viví la muerte de Bin Laden en EEUU, y lo que leí a mi regreso

Desde que el mundo se hizo más pequeño gracias a Internet, lo genuino de presenciar un acontecimiento histórico, si bien no ha perdido un ápice de valor, si se ha hecho más accesible. Si hoy hubiera caído el Muro de Berlín, lo habríamos presenciado en directo desde la perspectiva de los asistentes que habrían grabado videos con sus teléfonos móviles y que habrían relatado al instante en las redes sociales cada movimiento y anécdota cercana, y habríamos obtenido muchos más detalles que si hubiéramos estado allí. Desde casa cómodos en el sofá, eso sí, el acontecimiento lo hubiéramos recibido desde innumerables prismas. Yo actué así con la celebración y la euforia que desató en EE UU el anuncio de que Bin Laden había muerto en un asalto a su residencia de Pakistán a manos de los Navy Seal.

Euforia en New York

La primera noche que llegué a New York –venía desde la reunión anual del American Jewish Comitee, en Washington DC- después de cenar en el West Side de Manhattan –una de las mejores hamburguesas kosher que he probado jamás- un coche se paró en seco en el lado de la acera por el cual yo caminaba y al grito de ¡U S A! me anunció la noticia: Osama Bin Laden has been killed! Independientemente de cómo encajé la noticia, estaba completamente incrédulo ante mi situación: no llevaba ni dos horas en New York, y en la primera visita que hago a la Gran Manzana anuncian que han matado al hombre que ordenó la masacre de 3.000 personas llenándola de sangre y horror, y que es también el símbolo de la Cuarta Guerra mundial que vivimos –la tercera fue, enre 1948 y 1989, la Guerra Fría. Inmediatamente conmocionado por la noticia, y después de leer en varios medios de Internet que, efectivamente, no era ningún bulo o rumor extendido, sino que la Casa Blanca lo había confirmado y la comparecencia de Obama se emitiría en una hora, decidí sin más demora dirigirme a la Zona Cero, en donde ya se agolpaban miles de personas para festejar la muerte del enemigo número 1 de Estados Unidos.

El ambiente que se vivía en el World Trade Center, parecía más el de un 4 de julio que el de un final de guerra, cuando los marines vuelven victoriosos. El himno americano, Barras y Estrellas, se cantó hasta la saciedad –inmortalicé con mi cámara de video un himno especialmente hermoso y emotivo cantado por dos chicas neoyorkinas- junto con el tradicional ¡U S A! y con algunos insultos light a Bin Laden y a Al Qaeda. El puritanismo funciona, en España o en Latinoamérica, nos habríamos acordado de toda la familia de Bin Laden y de sus allegados. Se reunieron bomberos, marines, policías -todos ellos con sus uniformes de gala- estudiantes, padres de familia, y turistas. No hubo ni altercados, ni descerebrados que acaban rompiendo escaparates y montando trifulcas como en las celebraciones futbolísticas o en manifestaciones antiglobalización. Si es moralmente reprobable celebrar la muerte de alguien, en el mundo y en el contexto histórico en el que vivimos, por muy malo que fuera, es una X que quedó despejada de la ecuación en las celebraciones.

18.4.11

Pesaj

Hoy lunes por la noche, comienza Pesaj. Para felicitar a la blogosfera y a todos los que os pasais por aquí, recupero la Felicitación que redacté el año anterior, que no ha perdido vigencia. También cambio la foto e incluyo el pasaje más hermoso de la Hagadá, el relato que todos los judíos leemos en una noche como hoy recordando la salida de Egipto.

Hoy, todos los judíos del mundo conmemoran -conmemoramos- la salida de Egipto, el fin de la esclavitud y la consagración del pueblo judío como una nación. La festividad judía de Pesaj. Desde hace más de 3000 años llevamos haciendolo. Pese a todas las calamidades por las cuales hemos pasado -persecuciones, matanzas, Diáspora errante como un nación sin tierra, progromos, expulsiones, Holocausto, guerras, terrorismo indiscriminado...- en ninguna ocasión hemos dejado nuestras costumbres, nuestra tradición y nuestra ley de un lado. Ni el recuerdo de todos los que cayeron por defenderlas.

Nunca hemos dejado de lado nuestra Libertad.

Desgraciadamente, siguen muriendo judíos por el hecho de serlo, siguen acechando amenazas y deseos de exterminio y seguimos, con tenacidad, luchando por esa Libertad que quieren negarnos.



...Este es el pan de aflicción que comieron nuestros padres en la tierra de Egipto, todo el que tenga hambre que venga y coma, todo el que quiera festejar que venga y festeje. Este año aquí, esclavos, el próximo, libres, en la Tierra de Israel...


¡FELIZ PESAJ, FELIZ FIESTA DE LA LIBERTAD!

Pero sin olvidarnos que, al menos uno, no podrá pasar la noche de Pesaj junto a su familia

6.4.11

Zapatero se retira. Razones de su torpe y tendenciosa polícia exterior hacia Israel

Es una de las noticias más importantes del año. Zapatero no repetirá. Sin querer presumir de prototipo de bloguero al uso -opinar sobre todo lo que huele a actualidad- me ceñiré a darle un adiós, analizando sobre lo que estoy algo puesto y poseo cierto seguimiento: Su política exterior en lo referente a Israel y al conflicto.

Hubo tantas voces por aquel entonces, Marzo de 2004, que avisaron sobre la hostilidad hacia Israel que iba a lucir el regeneracionista que llegaba a Moncloa -como también hubo muchas más que anunciaron la ruina y el desastre económico y, guste o no, acertaron- y todo su equipo de gobierno, que muchos nos imaginábamos lo peor. Los críticos de su política exterior, entre los que me incluyo, no dejaron espacio a la cautela y al análisis. El tiempo les dio la razón en la ferocidad de sus críticas. (He aquí el gran drama de Zapatero: ha dado la razón a todos los que le han criticado por activa y por pasiva en casi todo)

3.4.11

La rectificación de Goldstone, una victoria moral

Pese a que la retirada de Zapatero traerá ríos de tinta, de tuits, de posts, de tiempo en tertulias... la otra noticia del fin de semana debería ser la rectificación por parte del juez sudafricano y judío Richard Goldstone de su informe sobre la Operación Plomo Fundido aprobado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU el 16 de octubre 2009 y en el cual se acusaba a Israel de haber cometido crímenes de guerra. Pero como dicha reculada es, en suma, una victoria moral para el Estado de Israel, no dará mucho juego en la prensa generalista. Israel solo es portada para ser machacado.

Goldsotne, ha declarado (aquí el artículo traducido al castellano) que las víctimas civiles palestinas durante el ataque del ejército israelí no fueron un objetivo político ni buscado, que Hamas sí atacaba intencionadamente a civiles israelíes, que el ejército israelí sí está llevando a cabo investigaciones sobre el comportamiento de sus soldados -los únicos soldados del mundo a los cuales también se les exige ser angelitos-, que Israel tiene derecho a defenderse y a proteger a sus ciudadanos y que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se ha caracterizado por su parcialidad respecto a Israel.




28.3.11

I want to believe

No me apetece escribir sobre Libia, ya lo hice para Horizonte y mi análisis caducó al día siguiente. Mientras el mundo parece desmoronarse, yo elijo el momento, Rick Blaine mediante, para enamorarme. De una serie: Expediente X. Fue un rollete de la adolescencia, es cierto, pero estos últimos días hice un remake de aquellos confusos años revisitando esa serie que, junto a Los Simpson, al grunge y en especial a Nirvana, a unas pocas películas como Trainspotting, y a una felación presidencial, marcaron la década de los 90.


Que el talento creativo de la ficción en formato audiovisual ha sufrido un trasvase, de la gran a la pequeña pantalla, parece incuestionable. Las series de televisión han ido adquiriendo una importancia en la oferta cultural occidental incalculable, y no solo es debido a internet y a su gran poder de accesibilidad. Al espectador le gusta convertirse en fan, le gusta sentirse identificado semana tras semana con un personaje -¿quién no ha sentido complicidad hacia Tony Soprano, Hank Moody, Jimmy Mcnulty, William Adama, o hacia el mismísimo Homer Simpson, por ejemplo?- , le gusta hacer cábalas y mantener el suspense ante una trama y le gusta, sobre todo, ser dependiente, estar enganchado, acudir a la pantalla para obtener la dosis que lleva días esperando. Las buenas series son una verdadera droga. Y no tanto la guerra, como nos mostró la Bigelow en su oscarizada The Hurt Locker -no sé quien narices será el responsable del titulicidio que la bautizó como En tierra hostil.



13.3.11

No nos engañemos...

Podría ser entendible el silencio mediático ante un acto deplorable en un conflicto de perfil bajo en cualquier zona del mundo, debido a la ola gigantésca que ha arrasado Japón, espeluznantemente, como si de una película apocalíptica de Roland Emmerich se tratara. Al fin y al cabo, hay asesinatos y tragedias diarias que resultan invisibles para el ojo de los medios de comunicación masivos. Ahí está el ejemplo paradigmático: Darfur. Sería incluso, y apurando, excusable. Pero no lo es cuando los medios occidentales se han dedicado a dar una cobertura de proporciones jamás conocidas para cualquier otra zona del planeta. No lo es cuando hay condenas mundiales porque Israel construya casas en Cisjordania, y en cambio haya silencios mundiales cuando asesinan a judíos por el hecho de serlo.

Digámoslo, aunque sea repetitivo y duela en las conciencias: si hubiera sido un israelí el que hubiera acuchillado a una familia palestina que dormía, incluyendo tres niños y entre ellos un bebé, habríamos desayunado con las imágenes de los cadáveres mutilados y sin vida, habríamos comido con reportajes y crónicas cuidadas de cuan malos y ultratodo son los colonos judíos, y habriámos cenado con algún vídeo de artistas antisemitas -sí, qué palabra tan fea- y con concentraciones de repulsa en varias ciudades del país. No ha sido así, porque las víctimas judías, que son asesinadas, repito, por el hecho de ser judías, son invisibiles, no importan, o, para más se lo merecen por colonizar la tierra palestina. En Europa las conciencias solo se remueven cuando los judíos se defienden, no resulta simpático que un judío defienda su vida. El judío está para sufrir, y si sufre, claro está, es culpa suya.

No nos engañemos, el único obstáculo para la paz es el odio antisemita que corroe a la mayor parte de la sociedad palestina. Si los colonos y la demonizada extrema, ultra y todo lo que sigue derecha israelí lo fueran, en Israel habrían habido dos guerras civiles: cuando se descolonizó el Sinaí, y cuando de descolonizó Gaza, a punta de fusil, ambas. Pero lo que el ciudadano europeo no entiende es que Israel es una sociedad libre y democrática que lo único que quiere es vivir. No nos engañemos, lo que ha movido a los asesinos de este crimen horrendo y abominable, es lo mismo que movió a Hitler y sus numerosos secuaces. El mismo odio que lleva a disparar a niños moribundos que han sobrevivido al gaseamiento por el abrazo de sus madres en un último intento de evitar su inevitable muerte, es exactamente el mismo que lleva a acuchillar a un bebé mientras duerme. Mientras no se acabe con eso, no habrá paz.

Aquí dejo, las fotos que ningún medio de comunicación masivo en España ha publicado. Sólo los twitteros y blogueros a sueldo de los Sabios de Sión, como siempre, han servido de canal de comunicación, como la Carretera Birmania que construyó Mickey Marcus, primer general del ejército israelí, para abastecer a los judíos que resistían en Jerusalén durante la Guerra de la Independencia.

La familia Fogel asesinados cruelmente, porque eran judíos.




Aquí dejo, también imágenes más duras. Los cuerpos acuchillados y sin vida. Que en paz estén.

4.3.11

Cuando...

Cuando el cielo pesa y la llovizna hunde a los ánimos. Cuando la música suena triste y transmite nostalgia nociva. Cuando las miradas se empañan y las sonrisas se humedecen. Cuando al caminar los pies lloran y las manos maldicen. Cuando el tiempo despedaza, derriba, vence. Cuando la esperanza se diluye por las alcantarillas. Cuando los sueños se disipan en el humo de los vehículos. Cuando la alegría se desdibuja en el gentío, en la marabunta.

Cuando el presente se pierde en la espera de un semáforo. Cuando sólo queda la memoria, el pasado. Cuando el mañana no existe, ni importa. Cuando dejar de avanzar significa caerse. Cuando no hay péndulos, ni balanzas. Cuando el único analgésico es el techo y la cama. Cuando el único remedio es perderse en lo más sencillo y banal.

Cuando un día rudo y gris de invierno se alza victorioso. Cuando declaramos la derrota. Cuando pese a todo, seguimos, y seguiremos.

2.3.11

El Cisne Negro, belleza en el averno

Lo más cerca que he estado del ballet ha sido en aquel capítulo de Los Simpson en el que Bart descubre y muestra el bailarín que lleva dentro. La cosa no acaba bien y los clichés de los jovenzuelos de Springfield son recibidos por el primogénito Simpson en forma de linchamiento. Aún así, no hay que ser un lince para saber que es un mundo de sacrificio, dedicación lacerante, estrellato fugaz y sobre todo, absolutamente, necesario de una voraz vocación interior. Se agradece, en ocasiones, acudir a la sala de cine y descubrir que todavía hay profesiones que exigen una pasión dominante, aunque llegue a ser enfermiza.

El Cisne Negro es eso. Enfermiza, agobiante, neurótica, terrorificamente envolvente, impactante, y oscura. Enseña una belleza rota, mortal, diabólica, pero belleza. En estado puro. Y oscura. Aronofsky deja su marca en las formas, en la tensión y en el pulso narrativo. No desfallece en atornillar al espectador a la butaca, atrapándolo en un viaje al lado oscuro que todos llevamos dentro. La transformación que un arquetipo del cine nos dejó, Darth Vader, aplicada en la ruta esquizofrénica de una bailarina. La inocencia eterna no existe, y los juguetes de la infancia, o se tiran a la basura o se rompen. Aronofsky nos los rompe en nuestra cara, nos hace tener pesadillas con ese reverso tenebroso que dormita en nuestros adentros y, en demasiadas ocasiones, tenemos miedo que en una de sus visitas, venga para quedarse.

1.3.11

El logo de Sión...¡Qué obsesión!

Cuando empecé a escribir en este blog, mi trinchera digital personal e intransferible, era otra persona. El adolescente de quince años lo voy a llevar siempre dentro y fuera, vale -lo mío no tiene nada que ver con el síndrome de Nuncajamás, ojo, más bien es algo relacionado con la nostalgia del protagonista de Palacios de Invierno, novelón breve e intenso de Gabriel Albiac - pero digamos que estaba más obsesionado y respondía de una forma más aprensiva a temas que me encendían, y encienden, las venas, como el Antisemitismo. Ahí está la hemeroteca del blog para comprobarlo. Con el mismo empeño con que el agente HGW XX/7 en La Vida de los Otros veía enemigos del socialismo, servidor veía Antisemitismo en demasiados sitios. Quizás porque empecé el blog en una época en que la lucha contra el Antisemitismo no estaba tan extendida en la red, o quizás debido a las ganas, a la fuerza del principiante o a la determinación del iluminado, creía estar en una cruzada. No importa, la edad y la experiencia aportan sensatez, una bajada de temperatura en el análisis, y una escritura más sosegada. Las etapas hay que ganarlas, no quemarlas y aprendí mucho en aquellos días, como aprendo hoy.

Pero lo que actualmente me llama la atención es el grado de obsesión de otros -otros que están en el bando contrario- por encontrar a los Sabios de Sión en los ámbitos y lugares más recónditos, incluyendo el logo para las Olimpiadas de Londres de 2012.




27.2.11

Parlamento: renovarse o pudrirse

Ayer estuve leyendo un artículo de Manuel Aragón –ni idea de sus credenciales, tampoco he investigado- en la Revista de Derecho Catalán sobre parlamentarismo. Son varios aspectos los que se tratan en este breve ensayo sobre el parlamentarismo actual, el que se practica en España, y además, ciertamente, son objeto de necesario debate para la regeneración y constante investigación doctrinal de nuestra democracia.

El autor afirma, en referencia a la división de poderes, clásicamente establecida por Montesquieu y el abad de Sieyes, que no existe estrictamente en la democracia representativa-parlamentaria. Debido a la difícil conceptualización de las leyes (ley orgánica, ley ordinaria, decreto-ley…) y a la multiplicidad institucional, los poderes se difuminan en muchas ocasiones, sobre todo en la estructura de las Comunidades Autónomas, pero siguen estableciendo contrapesos entre los poderes. Aragón es, pues, benevolente con el sistema. La división de poderes montesquiesana es posible, y negarlo solo trae una mixtura de poderes que es peligrosa para la democracia. El ejemplo paradigmático es la politización constante que existe en el Poder Judicial. “Montesquieu ha muerto” declaró Alfonso Guerra, cuando a mediados de los ochenta, la LOPJ dinamitaba el sistema de elección de jueces que garantizaría esa división, y que la Constitución aconsejaba a establecer.

No es cuestión de denigrar al sistema de división de poderes establecido, al menos en la práctica. El ejemplo de los órganos de la UE, que han prescindido también de la división de poderes clásica, demuestra eficacia en la regulación comunitaria, pero los cargos ejecutivos, la Comisión, no son elegidos democráticamente. Sí, el Parlamento Europeo, pero es una cámara con muy poco poder, a veces una imagen, una pantalla, llegando a ser irrisoria en el verdadero poder de la Unión. Ahora aprueba los Presupuestos, pero hasta hace nada en términos históricos sólo era una Cámara representativa. Y ahí está el problema de no respetar la división de poderes, se pueden ir minando los fundamentos de la democracia poco a poco y desde una perspectiva loable –una Europa unida- y acabar estableciendo lo que en Futurama nos recordaba Matt Groening: Burocracia Central



21.2.11

Reagan, visionario

Ronald Reagan fue, para entendernos, el George W. Bush de los ochenta en términos mediáticos. Si es cierto que los errores del primero son nimiedades comparados con los del segundo, pero para los de siempre, los que suelen ser los abajofirmantes, los que son antiamericanos patológicos, cualquier Mr President será un genocida, retrasado mental, pistolero y fanático religioso. La cuestión es que, Reagan, el actor que le ganó el pulso a los de la hoz y el martillo -a la dictadura que dejó unos 30 millones de muertos, gulag mediante- también metió en cintura a un Gadafi que operó el atentado de Lockerbie, entre otros. Como decían en La Hora Chanante, una vez que te tiran el misil, te vas planteando un poco las cosillas.



14.2.11

Egipto, la pescadilla que cocinó Occidente

Es tanto lo que se ha escrito sobre Egipto y la plaza de Tahrir que, o bien se convierte en obligación aportar mi grano de kb, o, por el contrario, es completamente fútil. Aún así, me lanzaré y estas líneas formarán parte del intermiable vertedero de palabras vertidas, valga la redundancia, sobre el tema en cuestión. Intentaré ser breve y no ponerme a citar una ristra de referencias de analistas y corresponsales. Tampoco voy a soslayar nada de Israel.

Sí, se ha opinado y escrito de todo sobre la caída de Mubarak. El cóctel de palabras que resuena en los medios y en los debates suele ser el siguiente:

Hermanos Musulmanes /Corrupción/ Faraón/ Democracia para el mundo árabe/ Como en Irán en 1979/ La Caía del Muro de Berlín en Oriente Medio/ Israel tiene miedo/ Libertad/ Suleiman/ Ejército/ Tahrir/El Baradei...y un largo etc


6.2.11

De Sostres a Vigalondo: el reflejo de una sociedad

El debate sobre los límites de la Libertad de Expresión en una sociedad que goza de dicho derecho democrático, resulta, cuanto menos, apasionante. La retahíla de artículos jurídicos, teorías filosóficas y políticas, argumentos morales, hechos históricos y demás bibliografía intelectualoide es, ciertamente muy necesaria para solidificar cualquier postura respecto a los límites de la libertad que nos ocupa. Y más de uno agradece ese retornar a la biblioteca, aunque sea la digital y tantas veces inexacta que crearon Jimmy Wales y Larry Sanger.

Twitter y Facebook, que son los atriles desde los cuales la sociedad civil irradia una voz y un protagonismo que no ha tenido en toda la historia de la humanidad y que trae de los pelos al establishtment político e informativo, en los últimos meses, y sobre todo esta última semana, se han dedicado de dar de hostias a varias figuras mediáticas. Y, en estos guantazos digitales a Sostres hace un tiempo y a Vigalondo hoy, hemos visto reflejadas las preferencias morales, a fuer de políticas, de esa sociedad civil internauta española que tanta fuerza está adquiriendo.